Los crisis de violencia escolar nos obliga a reflexionar en torno a cómo abordar esta nueva realidad que se presenta en nuestro país. Ante hechos de esta magnitud, es necesario dejar de lado las reacciones impulsivas y asumir un enfoque integral basado en tres etapas: contención inmediata, intervención socioemocional pedagógica y prevención estructural a largo plazo.

En el corto plazo, la prioridad es la activación inmediata de protocolos para resguardar la integridad física de las comunidades educativas, como la implementación de tecnologías o sistemas de seguridad de respuesta oportuna. Esto no debe verse como un tabú, sino como un resguardo institucional.

No obstante, existe un principio crucial que debe guiar estas decisiones: la universalidad. Si estas medidas de seguridad se aplican únicamente en determinados colegios, corren el riesgo de estigmatizar a comunidades enteras y profundizar la segregación social.

A mediano y largo plazo, resulta de suma urgencia fortalecer la salud mental al interior de los establecimientos educativos y robustecer los equipos de convivencia escolar. Acompañar el desarrollo socioemocional de niños, niñas y adolescentes, así como contar con políticas públicas que respalden estas medidas, debe ser prioridad para nuestros legisladores y para la sociedad en su conjunto.

Es en el aula y en la comunidad donde debemos detectar de forma temprana las señales de alerta y vulnerabilidad. Siempre la prevención será la mejor herramienta para evitar continuar incrementando los índices de violencia en los colegios.

De igual forma, debemos entender que el proceso de aprendizaje y la convivencia no son mera responsabilidad de los profesores, sino de la constante dinamización que existe entre el colegio, el aula y el hogar. Es vital impulsar la participación activa de los apoderados y estudiantes en las conversaciones y decisiones, pues sin ese puente de colaboración y corresponsabilidad, la red de contención fracasa.

Nuestra responsabilidad como sociedad es proteger a la infancia en su conjunto, sin distinciones ni exclusiones. La seguridad escolar no es solo vigilar: es educar, acompañar y construir espacios donde la seguridad y el bienestar socioemocional vayan de la mano.

Gabriel Pincheira,

Estudiante Pedagogía General Básica, UC campus Villarrica.

Vicepresidente formación Juventud RN Araucanía.

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