La decisión de permitir que Codelco retenga el 100% de sus utilidades de 2025 vuelve a poner sobre la mesa un problema que Chile lleva años postergando: cómo financiar una empresa estatal que necesita invertir miles de millones para seguir siendo capaz de financiar al Estado.

Los números muestran que la decisión del Gobierno tiene fundamentos técnicos. En 2011, Codelco produjo 1,735 millones de toneladas de cobre fino por cuenta propia. En 2025 produjo cerca de un 23% menos y, durante el primer trimestre de 2026, la producción volvió a caer un 8,1%, mientras sus costos directos aumentaron un 10%.

La situación financiera es igualmente exigente. Codelco informó utilidades por US$2.423 millones en 2025, pero cerca del 84% provino de un efecto contable extraordinario asociado a NovaAndino Litio. Sin ese efecto, las utilidades fueron de solo US$388 millones. Ese mismo año, la empresa invirtió US$5.073 millones y mantiene una deuda financiera que supera los US$26.000 millones.

Por eso, capitalizar Codelco tiene sentido, pero solo si viene acompañado de exigencias claras. La retención de utilidades debe traducirse efectivamente en aumento de la producción, control de costos, cumplimiento de los proyectos de inversión y menor presión sobre el endeudamiento. Capitalizar sin exigir resultados simplemente cambia el lugar donde se acumula el problema. Defender una empresa pública también significa exigirle eficiencia, sostenibilidad financiera y buena gestión de sus recursos.

Las asociaciones con privados deben analizarse bajo la misma lógica: no como una disputa ideológica entre Estado y mercado, sino como una herramienta para hacer que un activo público produzca más valor. El acuerdo entre Codelco y Anglo American para Andina–Los Bronces, por ejemplo, proyecta alrededor de 120 mil toneladas adicionales de cobre al año entre 2030 y 2051 y una creación de valor superior a US$5.000 millones. Si incorporar capital, tecnología o gestión permite aumentar la producción, ejecutar proyectos más rápido y reducir el riesgo que asume el Estado, descartarlo únicamente por razones ideológicas sería confundir propiedad con buena administración.

Pero el desafío va más allá de una capitalización puntual. Chile necesita una política de largo plazo que establezca criterios claros para determinar cuánto puede retirar el Fisco y cuánto debe reinvertirse, considerando variables como producción, deuda, costos e inversión. Una empresa de esta importancia no puede depender exclusivamente de las necesidades fiscales de cada año ni de decisiones tomadas frente a coyunturas específicas.

Codelco puede seguir financiando hospitales, pensiones, educación y seguridad durante décadas. Pero para exigirle que financie el futuro del país, primero debemos asegurarnos de que pueda financiar el suyo. La pregunta, entonces, no es cuánto podemos sacar de Codelco hoy, sino cuánto queremos que todavía sea capaz de entregarnos dentro de veinte o cincuenta años.

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