Durante los últimos años hemos aprendido a hablar de salud mental. Sabemos que pedir ayuda no es una señal de debilidad, pero ¿qué ocurre cuando esa ayuda no está disponible cuando se necesita?

Esta pregunta adquiere importancia en nuestra región. Vivir en una localidad pequeña o rural puede significar esperar, trasladarse a otra ciudad o depender de una oferta limitada de profesionales.

Un estudio publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública, titulado “Suicidio en adolescentes y jóvenes en Chile: riesgos relativos, tendencias y desigualdades”, analizó los suicidios de adolescentes y jóvenes en Chile entre 2000 y 2017. La Región de Los Lagos presentó una tasa promedio de 13,4 suicidios por cada 100.000 habitantes entre los 10 y 24 años, frente a 8,5 a nivel nacional. Otra cifra preocupante es que, en hombres de 20 a 24 años, la tasa alcanzó 38,9. No son cifras actuales, pero sí una señal histórica que no podemos ignorar.

Para muchos jóvenes, pagar una consulta particular de salud mental no es una posibilidad. Como estudiante universitaria, conozco esa presión: cuando el tiempo y el dinero faltan, muchas veces terminamos sacrificando aquello que parece menos urgente, como descansar o incluso pedir ayuda.

Las dificultades económicas o la presión académica no explican por sí solas la depresión o el suicidio, pero pueden aumentar la vulnerabilidad y dificultar el acceso al apoyo. Y es por esto mismo que no basta con decirle a las personas que pidan ayuda.

Necesitamos fortalecer la atención primaria, aumentar la disponibilidad de profesionales y reforzar la prevención, especialmente entre niños y jóvenes. La telemedicina puede acercar especialistas a quienes viven lejos, pero la falta de conectividad puede convertirse en una nueva barrera para quienes viven en zonas aisladas.

La salud mental tampoco puede ser responsabilidad exclusiva del Estado: familias, universidades, municipios y comunidades también cumplen un rol fundamental y pueden construir redes de apoyo.

Septiembre nos ofrece una oportunidad para hablar de salud mental, pero no debería ser el único momento del año.

La pregunta no es solamente si estamos dispuestos a pedir ayuda, sino si estamos preparados para responder cuando alguien finalmente decide hacerlo.

Pedir ayuda requiere valentía. Recibirla oportunamente no debería depender del lugar donde vivimos, del dinero que tenemos ni de cuánto tiempo podemos esperar.

La salud mental no puede seguir esperando.

Yasmín Epuyado

Secretaría Juventud RN

Distrito 25

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